Cuidar en silencio
La historia de Jesús y la lección de acompañar a un ser querido con cáncer.
“Ella falleció en 2022, el 30 de junio. Pero esto empezó en el tiempo de la pandemia, en 2020”, recuerda Jesús, mientras repasa los primeros síntomas que su hija Tania comenzó a mostrar, descompensaciones, ingresos y egresos frecuentes del hospital, diagnósticos erróneos y mucha incertidumbre. Durante meses, los médicos sospechaban de COVID, pero no llegaban a una conclusión concreta. “La internaban, le ponían inyecciones y la mandaban a casa. A los días, pasaba lo mismo”. Finalmente, tras un mes de internación en el Hospital Público del Milagro, los médicos lograron ponerle nombre a lo que Tania padecía: lupus, una enfermedad autoinmune, grave y sin cura.
A partir del diagnóstico, Jesús se convirtió no solo en padre, sino en cuidador principal. Y en ese rol, conoció de cerca las limitaciones del sistema de salud. “En el hospital algunos medicamentos los tenían, otros no. Y la verdad que son muy caros”. La respuesta llegó desde una fundación. Una ONG que, como tantas otras en el país, se convirtió en el sostén frente a la ausencia estatal. “Nos ayudaban con los medicamentos que faltaban”, cuenta Jesús. Esa ayuda marcó una diferencia concreta, pero no alivió del todo el peso emocional del día a día.
El testimonio de Jesús pone en evidencia una verdad muchas veces olvidada, el cáncer no solo enferma al cuerpo, también golpea a quienes cuidan, acompañan y sostienen. “En el hospital tuvimos apoyo psicológico. Después que ella falleció, me volvieron a llamar. Sirve. No estamos bien, pero ahí estamos”, reconoce, con honestidad. Él también tuvo que cuidar a su nieto, hoy de ocho años. “Se acuerda mucho. Estaba en la etapa en la que ella estaba internada y andaba conmigo en todos lados, incluso en mi trabajo en la radio.” Jesús no paró ni un día, ni durante la enfermedad ni después.
El acompañamiento no debe ser solitario. La contención institucional, el acceso real a la salud, la ayuda psicológica y el respaldo social no pueden depender de la suerte o de una fundación. Mientras tanto, como dice Jesús, hay que seguir. Pero no solos.